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Belleza trascendente, parte 1

Porque el mundo visible se da entero en cada representación
Paolo Romero

Ante todo, te invitamos a vernos en una pantalla grande, porque grandes somos a los ojos del Todo Infinito. Aunque casi siempre invisibles, hemos existido por gracia y por luz, de generación en generación, mojando nuestros débiles cuerpos en medio del sol. Pensarán que no merecemos más que el fenómeno aleatorio, que nuestro ciclo es demasiado breve como para ser tomado en cuenta. Pues, déjanos decirte que dichas opiniones son equivocadas y responden sólo a la ficción. Nosotros heredamos el bosque escondido, las verdades envueltas en follaje son nuestras, las cadenas de actos sensibles, el carnaval de las pasiones. Si tan solo te dignaras a observar, aprenderías más en un instante que en todas las vidas. Porque las respuestas no sobrepasan el largor de tus pestañas. No están en tediosas lecturas académicas o universos crípticos llenos de álgebra y problemas. No las verás en archivos de clasificados, ni en todas las lenguas del Babel. Estas son en el musgo intrascendente, el acto puntillista, el sigilo que vuela. Estas son todos tus días ignorados jamás compartidos. Estas son la rauda gota que busca tu pupila cuando la lluvia se anuncia, la iridiscencia de tus pétalos, el nosotros debajo de tus pies. Somos todo o nada, somos lo que quieras ver. Búscanos siempre, estaremos allí para ti, en todos tus espacios siempre, en la infinidad de tu ser, para siempre.

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